Monseñor Javier Román: un hombre que encontró en la fe la fuerza para seguir sirviendo

A un año de sobrevivir a un infarto masivo, el obispo de Limón celebra sus 64 años de vida con gratitud, humildad y el deseo de continuar dedicándose a Dios y a quienes más lo necesitan.
Hay personas que dejan huella no por lo que tienen, por los cargos que ocupan o por los reconocimientos que reciben, sino por la manera en que se acercan a los demás, por su disposición para escuchar y por esa voluntad de servir que nace del corazón.
Monseñor Javier Román Arias, Obispo de la Diócesis de Limón, es uno de esos hombres que han hecho de su vocación religiosa mucho más que una responsabilidad:
Una forma de vivir.
El pasado 19 de octubre celebró sus 64 años de vida.
Sin embargo, este mes tiene para él un significado todavía más profundo, pues precisamente ayer 25 de octubre se cumplió un año de aquel episodio que cambió su vida y puso a prueba su fortaleza: un infarto masivo que lo llevó a enfrentar una situación médica extremadamente delicada.
Aquel día, la vida le dio una de esas lecciones que difícilmente se olvidan.
Hoy, al mirar hacia atrás, su respuesta no es el temor ni la amargura, es la gratitud.
Una segunda oportunidad para seguir haciendo el bien
En un mensaje cargado de espiritualidad y sentimientos, Monseñor Javier compartió con quienes lo aprecian la emoción de celebrar un año más de vida y recordar, al mismo tiempo, aquella experiencia que lo enfrentó a la fragilidad humana.
«Dios me sostuvo entonces y me sigue llamando a servir», expresó en un emotivo mensaje.
Sus palabras resumen mucho de lo que representa su vocación, para él, sobrevivir no significa únicamente haber superado una emergencia médica, significa reconocer que la vida es un regalo y que cada nuevo día trae consigo la oportunidad de continuar acompañando, escuchando y ayudando a otras personas.
Su agradecimiento también se dirigió a quienes estuvieron pendientes de su recuperación, a quienes le hicieron llegar palabras de aliento y a todas las personas que elevaron oraciones por su salud.
Porque, detrás de la figura de un obispo, también hay un ser humano que necesita del cariño, la compañía y la solidaridad de los demás.

Un corazón agradecido con Dios y con las personas
Monseñor Javier eligió poner su gratitud ante Jesús en la Eucaristía, a quien reconoce como alimento y fuente de fortaleza.
No buscó grandes palabras para expresar lo que siente, simplemente habló desde la sencillez de quien comprende el valor de estar vivo y reconoce la importancia de quienes caminaron a su lado en los momentos difíciles.
Su mensaje también refleja una convicción que ha acompañado su ministerio sacerdotal:
“La fe no debe quedarse únicamente en las palabras, sino convertirse en una manera de acercarse a las personas y de estar presente cuando alguien necesita apoyo
Esa disposición para servir forma parte de su identidad como pastor de la Iglesia católica en Limón, diócesis que asumió en mayo de 2015, cuando fue ordenado Obispo en Puerto Limón.
Desde entonces, su responsabilidad pastoral lo ha vinculado con las comunidades de la provincia, incluyendo las poblaciones indígenas, donde la cercanía, la escucha y el acompañamiento adquieren un significado especial.
Más que un cargo, una vocación de servicio
La vida de Monseñor Javier Román nos recuerda que la grandeza de una persona no necesariamente se mide por la posición que ocupa, sino por la disposición que tiene para ponerse al servicio de los demás.
Su historia también nos invita a reflexionar sobre algo que muchas veces olvidamos en medio de las preocupaciones cotidianas: ”La vida es frágil, el tiempo es valioso y las oportunidades para hacer el bien merecen ser aprovechadas”
A sus 64 años, y después de una experiencia que pudo tener un desenlace muy distinto, Monseñor Javier Román celebra la vida desde una perspectiva marcada por la fe y el agradecimiento.
No habla solamente de lo que le ocurrió, sino de lo que todavía desea hacer: “Continuar sirviendo al Señor y acompañando a quienes necesitan una palabra de esperanza”
Y en esa disposición hay un mensaje que trasciende las creencias religiosas.
Nos recuerda que siempre podemos encontrar razones para agradecer, personas a quienes tenderles la mano y oportunidades para hacer más llevadero el camino de alguien más.
La vida como regalo y el servicio como respuesta
Al final de su mensaje, Monseñor Javier pidió que continúen orando por él y expresó su cariño a quienes lo han acompañado durante este tiempo.
Es una petición sencilla, pero profundamente humana, de quien durante tantos años ha asumido la responsabilidad de acompañar espiritualmente a otras personas y también reconoce el valor de sentirse acompañado.
Hoy, su testimonio es el de un hombre que celebra la vida sin olvidar lo vivido, que agradece a Dios por una nueva oportunidad y que encuentra en el servicio una razón para seguir adelante.
Porque hay quienes celebran un cumpleaños contando los años que han vivido, pero otros, como Monseñor Javier Román, encuentran en esa fecha una oportunidad para agradecer por los días recibidos y renovar el compromiso de dedicar los que vienen a una causa que consideran más grande que ellos mismos.
*Que Dios le conceda salud, fortaleza y muchos años más de vida a Monseñor Javier Román Arias, para que continúe siendo un servidor de la fe y de las personas, especialmente de quienes más necesitan una palabra de aliento, una mano amiga o una razón para no perder la esperanza.
Porque, al final, servir a Dios también significa aprender a servir con amor a los demás

.png)



Comentarios