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El pez león

Limón se enfrenta a un nuevo depredador:

Este pez representa una amenaza para la economía y el turismo de la provincia limonense

ESCRITO POR: Valezka Medina | valezkamedina23@gmail.com

16 DICIEMBRE 2021

Luego de dos décadas de insuficiente acción efectiva, el pez león se convirtió en un peligroso depredador más de la costa atlántica; se une al narcotráfico, el desempleo, el desconocimiento y la falta de oportunidades que ya cazaban a la provincia.

El cambio climático, que también provoca erosión en la costa y los aumentos de temperatura de la provincia, fue el punto de origen de una interminable lista de reacciones en cadena que amenazan la pesca y el turismo.

La acidificación y contaminación del agua; huracanes, sequías extremas o inundaciones; aumento del nivel del mar y de la temperatura global a causa del deshielo, así como la muerte, extinción y migración de diferentes especies, son fenómenos que tienen un origen común, y de cierto modo también las consecuencias son equivalentes.

 

Cuando se menciona la migración se hace referencia al desplazamiento masivo con el
fin de encontrar mejores condiciones de vida, y dentro de estas se encuentran las especies invasoras. 

 

El pez león (Pterois volitans) forma parte de ese grupo de especies que no migraron por cambio climático, sin embargo, su relación con este fenómeno es por las condiciones del agua las cuales se han calentado drásticamente en el Caribe en la última década, proporcionándole el escenario perfecto para su reproducción masiva y su dispersión, pues esta especie se desarrolla mejor en aguas cálidas.  

La hembra del pez león puede poner hasta 30.000 huevos cada cuatro días, es decir, entre uno y dos millones cada año por lo que su propagación ha sido sumamente violenta para este lado del continente.
Un solo espécimen puede reducir más del 75 % de la población de peces jóvenes de un arrecife, según la Universidad de Costa Rica (UCR).

 

El origen

El primer avistamiento de esta especie en aguas costarricenses fue en 2009 gracias a la Dra. Helena Molina, académica de la UCR.


En 2016 un estudio de la Universidad Estatal a Distancia (UNED) evidenció la influencia del pez, pero todavía en ese momento el desconocimiento hizo que muchos pescadores y sus organizaciones se mantuvieran al margen. El Estado tampoco ha hecho mucho.


Según la bióloga marina y coordinadora del Laboratorio de Recursos Naturales y Vida Silvestre de la Universidad Nacional, Liliana Piedra, existen dos hipótesis sobre la llegada del pez león al mar Caribe.


La primera relacionada a algún coleccionista de peces, quien, maravillado por las aletas de este león acuático, decidió llevarlo a alguna colección privada de la cual sería liberado posteriormente, provocando que se le viera por primera vez en 1985, en Florida, Estados Unidos.

 

La segunda hipótesis se dirige más al huracán Andrew la cual señala una posible liberación accidental de algún acuario en la Florida, y desde entonces se ha propagado de forma masiva en las costas atlánticas.


En su lugar de origen, el océano Indo — Pacífico, este pez no cuenta con las mismas comodidades ya que existen factores naturales que impiden su reproducción acelerada como: alimento, depredadores, apareamiento y la propia competencia pues hay 12 especies similares.


A pesar de lo anterior, esta historia es diferente para la región del caribe pues al no contar con sus depredadores el león se convirtió, rápidamente, en el rey del arrecife.


Según indicó a la BBC el director del Laboratorio de Invasiones Biológicas, el doctor Aníbal Pauchard “Las especies invasoras son especies exóticas, es decir de otras regiones o continentes, que el ser humano ha introducido en el ambiente, y que se reproducen en grandes números generando impacto para la biodiversidad, los ecosistemas y el bienestar humano”.
 

El combate

En 2016 el Gobierno creó, mediante decreto, una comisión de control y manejo del pez león.


“Lo único que han hecho es un decreto, pero ningún ministerio se ha puesto las botas como lo hacemos nosotros” comentó José Ugalde, encargado de comunicaciones de la Asociación de Pescadores Artesanales del Caribe Sur.

PESCADORES DE LIMÓN EN LOS BARRIDOS DE CONTROL DE LA ESPECIE

Esta comisión la conforman el Ministerio de Ambiente y Energía (MINAE), el Sistema Nacional de Áreas de Conservación (SINAC), el Instituto Costarricense de Pesca y Acuicultura (INCOPESCA), la Junta de Administración Portuaria y de Desarrollo Económico de la Vertiente Atlántica (JAPDEVA), entre otras.


Greiner Ramos, coordinador de la oficina regional Huetar Caribe y titular de la Comisión Nacional de pez león del INCOPESCA, comentó a través de una llamada telefónica que como organización se han involucrado hasta donde ha sido posible, pues existen factores como presupuesto o la misma pandemia que impiden un verdadero “acercamiento”.

 

“Tal vez se sienten un poco abandonados y solos porque ha faltado esa continuidad por parte de los ministerios” añadió Ramos, y dejó en claro que las comunidades si están informadas sobre el impacto del pez, pero el problema es que falta ayuda por parte de otras instituciones, pues esta se brinda principalmente en investigación.


Por su parte José Pablo Fallas, funcionario del SINAC del Parque Nacional Cahuita, comentó que la situación está desatendida desde el inicio de la pandemia y “no se tiene ni el presupuesto ni el tiempo” para cubrirlo como se necesita.


Aun con lo anterior los funcionarios aseguraron que posterior a la pandemia se retomarían las medidas para atender la problemática, sin embargo, la falta de acciones durante este periodo deja como consecuencia un incremento en los avistamientos de la especie en las costas caribeñas.


Desde el 2012 se realizan torneos de pesca organizados por la Asociación de Pescadores Artesanales del Caribe Sur, pero la pandemia interrumpió la iniciativa.


La Covid-19 entorpeció las labores de los locales ya que desde su inicio (hace casi dos años) solo se les permite realizar barridas periódicas con el fin de evitar la aglomeración de personas.


Estos torneos se hacían a través de la pesca con arpón porque el uso de la nasa provoca graves daños en los corales donde se encuentra el pez león, de igual forma en estas actividades se contaba con incentivos para educar de forma didáctica a la población, tales como premios para el ejemplar más grande o el más pequeño capturado.
 



 

Las imágenes anteriores pueden ser sensibles para muchos, sin embargo, según la coordinadora del Laboratorio de Recursos Naturales y Vida Silvestre de la Universidad Nacional, Liliana Piedra, “con las especies invasoras no se puede tener empatía”.
Haniel Rodríguez Rojas, guía turístico de la zona de Gandoca, asegura que la concientización no la puede lograr la provincia de Limón por su cuenta, por lo que se requiere un trabajo conjunto de los gobiernos locales, junto con el Instituto Costarricense de Turismo (ICT), y el MINAE.

 

El Caribe Sur no es de mares cristalinos todo el año, las mejores épocas para disfrutar del mar de Limón es en la temporada de febrero a abril y luego de octubre a noviembre, por lo que el turismo de snorkel está en su máximo esplendor para esas épocas, pero sumarles una especie invasora a los hermosos arrecifes coralinos, disminuye drásticamente su atractivo turístico.


El interés por este deporte en Cahuita es el avistamiento de los arrecifes de coral, peces tropicales multicolor y el encuentro con algún tiburón inofensivo, pero como consecuencia de la depredación del pez león, el paisaje marino ha perdido poco a poco su encanto, produciendo así fluctuaciones en la economía local.



 



 

¿Cómo se ve el futuro?

Costa Rica es uno de los países en el Caribe que más presta atención a esta problemática, pero esto no quiere decir que el tema se esté abordando con la seriedad que corresponde, por lo que este ritmo acelerado puede y va a generar en un futuro cercano consecuencias irreversibles para los ecosistemas marinos de la costa caribeña.


Según el máster en Ciencias Biológicas, Marco Ramírez, la especie invasora se volverá dominante. Esto provocará que la dinámica del ecosistema también se vea modificada pues al disminuir las especies nativas, se van simplificando los procesos naturales de un ecosistema, convirtiéndolo cada vez en uno más simple, incapaz de albergar nuevas especies.


Los ecosistemas tienen un límite de recuperación para cualquier impacto; en ecología de comunidades esto se conoce como el punto máximo de impacto para un ecosistema, donde una vez sobrepasada esta tolerancia, no será capaz de recuperarse, agregó Ramírez. Solo con intervención humana, y en plazos de 50 a 100 años, se podría recuperar el ecosistema habitado por una especie invasora.


La intervención humana funciona como la primera ficha del juego del efecto dominó del cambio climático, sin embargo, puede ser la única forma de frenar el problema.


 

¿Cómo responde el Caribe al pez invasor?

Destruye ecosistemas, asesina especies nativas y compromete la economía, pero hay distintas formas de enfrentar al pez león.  

Costa Rica no es el único país que lucha con la problemática, por lo que es vital conocer las estrategias de países como México y Belice que destacan por el manejo de la especie.

México: 


Luego de la llegada del pez en 2009, se organizó un primer taller para la elaboración del Plan de Acción de Alerta Temprana con el fin de conocer el problema, educando a pescadores en el buen manejo de la especie.


Por su parte, a las comunidades se les orienta con el fin de que el pez león se aproveche como artesanía y se les invita a realizar proyectos comunitarios de captura. 


Belice:


Desde el primer avistamiento en 2009, se difundió información, se realizaron torneos de pesca del pez león, y se impulsaron investigaciones.


Belice cuenta con una de las técnicas de aprovechamiento más creativas, pues desde el 2017 existe el “Grupo de joyería del pez león de Belice”, donde se utilizan las espinas brillantes del pez para crear aretes, collares y llaveros que se venden en todo el mundo, impulsando así la economía local. 


Aun cuando la llegada del pez fue “accidental” ahora le corresponde a cada país lidiar con las consecuencias de las acciones de la especie humana, las cuales siguen comprometiendo los ecosistemas marinos.